Ediciones electrónicas

Celaya, Gabriel
Tranquilamente hablando / Juan de Leceta.- San Sebastián: Gráfico-Editora, 1947.- 62 p.; 18 cm.- (Cuadernos de poesía "Norte")
Ed. facs.: Donostia-San Sebastián: Diputación Foral de Gipuzkoa, Departamento de Cultura, Euskara, Juventud y Deportes, 1999.[compra]
"Tranquilamente hablando"

PUEDE reírse el mundo
con sus mandíbulas, ¿on sus huesos,
su esqueleto batiente de rabia seca y dura,
con sarcasmo y aristas,
puede reírse, enorme, sin verme tan siquiera.
Porque estoy solo, y, solo,
yo lloro, no lo entiendo.

Pese al odio, al cansancio, las lágrimas, los dientes,
pese a las durezas de sangre congelada,
yo que pude seguirlo,
reírme como el mundo,
no lo entiendo -es sencillo_
no entiendo su locura.

Si sube la marea,
si estoy en el balcón, y es de noche, y me crece
por dentro una ternura,
no lo entiendo, no entiendo
(debo ser algo tonto),
no entiendo esos ladridos y esa espuma del odio.

Serena noche, lenta
procesión de otros mundos,
vosotros que sabéis qué chiquito es mi pecho,
sabéis también que late,
que, triste, llama dentro
mi corazón sin nadie,
mi angustia sin destino
mi sola soledad en medio de la risa.

MI INTENCION ES SENCILLA (DIFICIL)

RECUERDO a Núñez de Arce y a don José Velarde,
tan retóricos, sabios,
tan poéticos, falsos,
cuando vivía Bécquer, tan inteligente,
tan pobre de adornos,
tan directo, vivo.

No quisiera hacer versos;
quisiera solamente contar lo que me pasa
(que es lo que nunca pasa),
escribir unas cartas destinadas a amigos
que supongo que existen
quisiera ser el Bécquer de un siglo igual a otros.

Tengo compañeros que escriben poemas buenos
y otros que se callan o maldicen sin tino;
pero todos me aburren (aunque los admiro),
y todos me ocultan lo único que importa
(ellos, estupendos
cuando se emborrachan y hablan sin medida).

Yo que me embriago sin haber bebido,
yo que me repudro y, tontamente, muero,
no puedo callarme,
no puedo aguantarlo,
digo lo que quiero, y
sé que con decirlo sencillamente acierto.

AL ATARDECER, SOLO, EN LA MESETA

LLANURAS abiertas sin melancolía,
un ancho silencio donde pasearse:
magnetismo seco de aquellas presencias
que ya no se nombran,
que no pueden nombrarse.

Arbol invisible, crecen las audacias;
iris continuado, locas negaciones.
Pasa, calla el viento;
pasa con su larga gloria de otro mundo,
calla con su vasta ruina transparente.

Porque sí el espacio brillante y vacio;
yo, perdido, en medio;
yo sin mis entrañas cálidas y amargas,
yo solo y mi sombra -
que si el sol se pone crece exagerada.

Yo y mi sombra, lejos;
yo y mi sombra, loca;
los ojos dolidos de tanta evidencia,
las manos vacías, la sangre sin eco
y -caricatura- mi sombra creciendo.

HABLO DE NOSOTROS

HABLO de nosotros
(no sé si es un poema),
hablo de nosotros que no somos sencillos,
pero sí vulgares (como se comprende).
Hablo sin tristeza (y no porque esté alegre),
sin resentimiento (mi odio es de agua fria);
hablo de nosotros y alguien debe entenderme.

Hablo serenamente.
Necesito muy poco
(por ejemplo, mi tiempo);
necesito gastar dinero sin pensarlo,
besar dos o tres bocas (sin comprometerme).
Necesito lo justo (superfluo si calculo),
un delirio alegre (razonable en el fondo);
necesito lo poco que nadie quiere darme,
lo mucho que es un hombre.

Pero soy blando y tonto
(¿quién al fin no llora?);
soy de fango informe que dulcemente arrastra,
de tierra que a ti me une.
Soy de miseria pura (o de amor infinito),
soy de nada, del todo que al mirarte comprendo,
¡oh pequeño, pequeño, pegajoso, tan tierno,
tan igual a mi!

A VECES ME FIGURO QUE ESTOY ENAMORADO

A veces me figuro que estoy enamorado,
y es dulce, y es extraño,
aunque, visto por fuera, es estúpido, absurdo.

Las canciones de moda me parecen bonitas,
y me siento tan solo
que por las noches bebo más que de costumbre.
Me ha enamorado Aaela, me ha enamorado Marta,
y, alternativamente, Susanita y Carmen,
y, alternativamente, soy feliz y lloro.

No soy muy inteligente, como se comprende,
pero me complace saberme uno de tantos
y en ser vulgarcillo hallo cierto descanso.

CUENTAME COMO VIVES (COMO VAS MURIENDO)

CUÉNTAME Cómo vives;
dime sencillamente cómo pasan tus días,
tus lentísimos odios, tus pólvoras alegres
y las confusas olas que te llevan perdido
en la cambiante espuma de un blancor imprevisto.

Cuéntame cómo vives.
Ven a mí, cara a cara;
dime tus mentiras (las mías son peores),
tus resentimientos (yo también los padezco),
y ese estúpido orgullo (puedo comprenderte).

Cuéntame cómo mueres.
Nada tuyo es secreto:
la náusea del vacío (o el placer, es lo mismo);
la locura imprevista de algún instante vivo;
la esperanza que ahonda tercamente el vacío.

Cuéntame cómo mueres,
cómo renuncias -sabio-,
cómo frivolo- brillas de puro fugitivo,
cómo acabas en nada
y me ensenas, es claro, a quedarme tranquilo.

CON LAS MANOS EN LOS BOLSILLOS

CON las manos en los bolsillos
vengo y voy (¡tan cansado!):
vengo con unas largas estelas de horas muertas,
voy con mi entusiasmo de fuego renovado,
quedo, en último extremo,
estúpido, rendido, mientras suenan en torno
bocinas distendidas periódicos idiotas,
voces que rebotan, agrias, en lo hueco.

Vengo y voy, vuelto y callo,
siento cómo soy a la vez tonto y sabio,
cómo, a mi descanso,
conviene el derramarse de un cuerpo extenso y lacio,'
deshacerme pausado sin pena y sin fatiga,
bostezar sin sentido,
pasear para nada con ojos distraídos
y unas manos pesadas que hundo en los bolsillos.

TODAS LAS MAÑANAS, CUANDO LEO EL PERIODICO

ME asomo a mi agujero pequeñito.
Fuera suena el mundo, sus números, su prisa,
sus furias que dan a una su zumba y su lamento.
Y escucho. No lo entiendo.

Los hombres amarillos, los negros o los blancos,
la Bolsa, las escuadras, los partidos, la guerra:
largas filas de hombres cayendo de uno en uno.
Los cuentos. No lo entiendo.

Levantan sus banderas, sus sonrisas, sus dientes,
sus tanques, su avaricia, sus cálculos, su vientres
y una belleza ofrece su sexo a la violencia.
Lo veo. No lo creo.

Yo tengo mi agujero oscuro y calentito.
Si miro hacia lo alto, veo un poco de cielo.
Puedo dormir, comer, soñar con Dios, rascarme.
El resto no lo entiendo.

DEBO SER ALGO TONTO

DEBO ser algo tonto
porque a veces me ocurre que me pongo a hablar solo,
y digo cosas locas,
digo nombres bonitos de muchachas y barcos
o títulos de libros que nadie ha escrito nunca.
Debo ser algo tonto.

Babeo, grito y lloro.
Los verbos absolutos me llenan de ternura
y esas vocales sueltas, inútiles, redondas,
que vuelan para nada,
me elevan boquiabierto hacia no sé qué gozos.
Soy feliz y, por eso, también un poco tonto.

SOY FELIZ A MI MODO

LAS golondrinas beben agua limpia en mis ojos;
los sapitos me comen los tallos verde tiernos;
y a veces, en lo alto, mis pulmones despliegan
como flor asombrosa la hermosura M aire.

¡Pensar que hay quien protesta!
Bigotes furibundos,
barbas rubias postizas y barrigas hinchadas,
voces sentimentales de encía desdentada
y hasta esos corazones que llevan los señores
como reloj de lujo en un bolsillo tierno.

Los números en fila me asaltan ordenados.
Son guardias, son minutos, son dientes igualitos.
¡Máquinas de escribir que me comen poemas!
¡Máquinas de coser con que tristes solteras
acompasan cansancios de lluvia atribulada!

Pequeños montocillos de ternura, de escarcha,
de arenas impalpables o penas que no nombro,
y el corazón que aquí se endurece un poquito,
y allí tiene un boquete donde le duele el mundo.

Unos cuentan sus penas, otros sólo sus días,
todos, el cuento tonto de una vida cansada;
yo cuento mis bobadas (no sé si es poesía),
miro en torno, no entiendo, cierro lento los ojos.

SE TRATA DE ALGO POSITIVO

HOY, por ejemplo, estoy más bien contento.
No sé bien las razones, mas por si acaso anoto:
mi estómago funciona,
mis pulmones respiran,
mi sangre apresurada me empuja a crear poemas.

(Solamente -i qué pena!- no sé medir mis versos.)

Pero es igual, deliro: rosa giratoria
que abres dentro mío un espacio absoluto,
noche con cabezas
de cristal reluciente,
velocidades puras del iris y del oro.
(Solamente -¡qué pena!- estoy un poco loco.)

Mas es real, os digo, mi sentimiento virgen,
reales las palabras absurdas que aquí escribo,
real mi cuerpo firme,
mi pulso rojo y lleno,
la tierra que me crece y el aire en que yo crezco.
(Solamente -¡qué pena!- si vivo voy muriendo.)

EN MI CUARTO, CON EL BALCON ABIERTO

ESTAS cálidas noches, julio largo y sedante,
cuando en mi cuarto blanco paseo solitario,
con el balcón abierto, respiro cielos anchos
y me siento joven (claro que es mentira),
y me siento alegre (no podéis negarlo),
y contra el mundo entero,
contra mis deberes, y mi edad, mi cansancio,
me afirmo simplemente.

Sobre mis dos pies que aquí se apoyan recios
pesa un cuerpo macizo que da una sombra cierta,
se eleva mi cabeza segura y orgullosa,
brilla un sexo que apunta a un calor femenino;
digo simplemente
que soy un' hombre-entero y que el serlo me basta,
soy un hombre vulgar (lo que no es poca cosa),
soy feliz como puede serlo cualquier otro.

OTRAS VECES SUFRO, PERO DA LO MISMO

Y otras veces sufro.

Tan porque sí como si estoy contento,
tan fuera de mí, mi razón o medida,
tan traído y llevado por esas olas anchas,
de mí para ti, sin fin,
tartamudeo tonto ganado por la vida
que hace llorar y hace reír,
y hace gritar, y hace callar,
mas no es llanto, ni risa, ni clamor, ni silencio,
sino allí, al otro lado,
el simple «porque sí» de que yo esté existiendo,
la pura sinrazón de mi presencia bruta
que ni obedece a nada, ni apunta a algo distinto
del confortable absurdo de saber que estoy vivo
y que me contradigo para seguirlo estando.

FIN DE SEMANA EN EL CAMPO

A los treinta y cinco años de mi vida,
tan largos, tan cargados, y, a fin de cuentas, vanos,
considero el empuje que llevo ya gastado,
la nada, de mi vida, el asco de mi mismo
que me lleva a volcarme suciamente hacia fuera,
negociar, cotizar mi trabajo y mi rabia,
ser cosa entre las cosas que choca dura y hiere.

Considero mis años,
considero este mar que aquí brilla tranquilo,
los árboles que aquí dulcemente se mecen,
el aire que aquí tiembla, las flores que aquí huelen,
este "aquí" que es real y, a la vez, es remoto,
este "aquí" y "ahora mismo" que me dice inflexible
que yo soy un error y el mundo es siempre hermoso,
hermoso, sólo hermoso, tranquilo y bueno, hermoso.

NO PUEDE SER MAS SENCILLO

ESTO es así;
me gusta de este modo
y me gustaría también si fuera de otro:
cuadrado, rojo o duro, real sencillamente.

Todo está bien;
todo es justo y bello;
hay una alegría -vivir- que envuelve y junta
mis penas, mis errores, mis risas y mi miedo.

Me gusta lo que toco;
me gusta lo que veo,
y lo que respiro con los pulmones anchos,
y lo que me duele (porque sé asi que existe).

Me gustan los objetos que aquí mido, aquí peso,
y me gustan los hombres que hablan o que callan;
me gusta cuanto existe, lo entienda o no lo entienda,
me gusta simplemente porque está existiendo.

TODO VALE LA PENA

TODO vale la pena.
Espero ansiosamente telegramas que digan,
por ejemplo: "Aceptado", o: "Llegué bien. Abrazos."
Pago cualquier precio por un coñac decente;
pierdo noches enteras con cualquier muchacha.

Todo vale la pena.
Todo me arrebata y esto es lo terrible;
todo me apasiona y es, sin embargo, tonto;
todo debería parecerme nada,
mas las naderias son mi vida, mi todo.

Todo vale la pena.
Llevo el capital social de mi negocio
como un piel-roja lleva su pluma arrogante.
Es una miseria; no significa nada;
mas mi sangre suena: vivo, soy dichoso.

HAY MAÑANAS QUE RESULTAN EXCESIVAMENTE LUMINOSAS

Y me llenaba todo de azul cuajado y duro,
de la mañana viva de luz definitiva:
cabeza rubia, aurora.

Me dolían los dedos, las articulaciones,
el agujero triste del corazón sin nadie.
Me dolían los ojos de tenerlos abiertos.

El mundo entero en vilo no supo qué decirme.
Sentado ante un espejo componía sus rizos
O se pintaba, bello, de absurda indiferencia.

PARAISO AL DIA

EN la mañana funcionan
las máquinas y los lirios suavemente;
los números me suenan
como si nadie los hubiera usado antes.

(Pero aquella golondrina
loca en un aire cuajado de inventos y teorías...
Pero aquella golondrina
que han herido unas aristas de luz definitiva...)

Nunca estuvimos más solos;
nunca, más limpios de engaños.
Nos miramos a los ojos
y allí el mundo es pequeñito,
preciso, neto, brillante,
tan anterior al pecado
que no comprendemos nada.

PEQUEÑAS E INDISPENSABLES EXPANSIONES

LAS máquinas nos mascan con dientes igualitos
y salen aeroplanos, gramolas, ascensores... ;
del sudor y la sangre, un mundo limpio y nuevo.
(Y a veces instantáneos palacios de luz loca
donde los millonarios gastan todos sus ceros.)

Mas a los que nacimos pequeños y callados
nos queda la materia común de los fracasos,
el fiemo espeso y dulce que todo lo aglutina,
la podredumbre madre.

O acaso la amargura que aún emborracha un poco.

ESCAPARATE-SORPRESA

CON furia, violentos
cuadros verdes, duros,
o amarillos con rabia de cifras vacías,
anuncios y prisas,
bocinas distendidas e intestinos sucios
que, bajo los trajes más correctos, trabajan.

Y mil, sonando a mil,
teléfonos que erizan timbres estridentes;
y otra vez esa furia de anuncios y bocinas,
de rabia seca y agria;
y filas, filas, filas
de anónimas y tristes gabardinas.

Mas, al doblar la esquina,
¡aquel fulgor extraño!,
¡aquella cosa pura de un siglo no olvidado!,
¡aquel escaparate con corsés rosados!

AVISO

LA ciudad es de goma lisa y negra,
pero con boquetes de olor a vaquería,
y almacenes de grano, y a madera mojada,
y a guarnicionería, y a achicoria, y a esparto.

Hay chirridos que muerden, hay ruidos inhumanos,
hay bruscos bocinazos que deshinchan
mi absurdo corazón hipertrofiado.

Yo me alquilo por horas; río y lloro con todos -
pero escribiría un poema perfecto
si no fuera indecente hacerlo en estos tiempos.

ESTE MUNDO NUESTRO

TANTOS roncos metales,
tanta, rabia de azufre
(colérico amarillo de prisa vacía),
tantos altavoces . con estridencias huecas,
tantas cifras crueles
que de por si y en sí se van multiplicando
para nada, en la nada de este mundo nuestro....

mas, por otro lado,
tantas gangosidades con sus babas sensuales,
tantas blandas bocinas
-o esas vísceras tristes que se quejan cediendo-,
tantos anuncios tontos que tartamudean,
tanta melancolla anónima o cansancio...
... Este mundo nuestro.

UN MATRIMONIO ENTRE OTROS

SOBRE cadáveres, sobre confortables
miserias de carne vieja y triste,
dormían sus delicias conyugales.

Macerados dolores y vísceras cansadas
-la filtración de días, hábitos y lluvias-
unían sus dos vidas ablandadas.

Y los hijos colgaban:
los harapos mojados
de la música muerta de un amor imposible
formaban fangos dulces, cunaban su fracaso.

NATURALEZA MUERTA (MATERIA VIVA)

EN la penumbra del vino,
cortezas de fruta amarga,
un guiso frío y seco,
un corcón congelado.


Mantel a cuadros rojos
sucio de baba y de llanto.
(En la ventana, el hueco
del mundo no habitado.)

INSTANCIA AL EXCELENTISIMO SEÑOR

ESE colchón caliente de pereza y de sueño...

Mas, cuando despierto,
los periódicos surgen recien impresos, tiernos,
con sus conmovedores tópicos- del. dia,
sus cabezudos títulos, su tartamudeo,.
sus lugares comunes de palomas heridas
-plomo sordo y guata dulcemente aburrida-,
etcéteras sublimes, glorias falsificadas...
Y así cada día
es lo otro, y lo otro, y aun lo otro, lo mismo,
hasta que, cansado, me aplasto en versos anchos,
o, como quien reza, redacto una instancia,
o bien, fracasado,
me meto en un cine para pasar el rato.

NO HAY DUDA DE QUE TENGO UN TEMPERAMENTO RELIGIOSO

¡Señor!, ya no resisto.
¡Señor!, me siento roto.
("Señor" no tiene nombre,
es un simple pretexto
para alargar dos puntos de admiración vacía.)

Me siento sólo, loco
de soledad absoluta,
me siento un poco tonto
de dolores vulgares
(compartidos serían la grandeza del hombre).

Porque yo tengo un nombre,
tengo un peso, una sangre
y una historia -palabras-
que a nadie interesan
("Señor" debería ser un tú, ser humano).

A todo el mundo escucho
(no lo entiendo -confieso-);
a todo el mundo ofrezco
mis cordialidades cálidas y amargas;
a todo el. mundo llamo "Señor" humildemente.

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