Ediciones electrónicas

"Marea de Silencio"

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El espejo me refleja, me vuelve hacia mí mismo.
Lentamente me hundo en mis pálidos abismos.
Me veo reflejado, ya, desde muy lejos,
Perdido en esa blanca catedral del silencio
Donde la luna es la virgen desnuda y muerta que yo adoro.

La noche tiende sus trampas invisibles:
El que se asoma a un espejo está cogido,
Le sorprenden los misterios imprevistos,
Se pierde en un laberinto de cristales y espejos giratorios.

En el fondo del silencio la muete es un río lento;
Yo lo miro pasar de la luna al azogue;
Mientras alguien apoya sus dedos helados sobre las yemas de mis dedos
No sé qué me mueve a sonreir tristemente.

Alguien me lleva de la mano por el borde de los precipicios;
Un amor, un delirio, el vértigo me llama;
El espanto es el más dulce de los escalofríos
Cuando crece súbitamente como un árbol en el fondo de la carne.

Me miro fijamente en el espejo:
La noche me ha cogido en sus trampas sutiles.
Me siento cada vez más hondo:
La muerte se inclina sobre mí para besarme.

Me dan miedo esos ojos, mis dos ojos sin nubes
Que desde el espejo me miran implacables
Mientras baten espadas de luz
En sus aguas heladas y azules.
 
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